Pineapples and Peaches
by Rodney Montero

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City University 5, London EC1, Sheppard Robson, 1960-1976
Photo: Simon Phipps 6 hours ago / 61 notes / Source
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Auferstehungskirche (1961-62) in Freiburg, Germany, by Herbert Dörr & Klaus Gottschall 6 hours ago / 28 notes / Source
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Wallpaper* Handmade 2014: Products & Sketches 6 hours ago / 52 notes / Source
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The beginnings of a lobster. 6 hours ago / 12 notes / Source

*This is a short novel I was writing back in 2011, I wanted to explain how my mind thought about love, how I couldn’t believe that such thing could last for years, and how complex was everything for me. It’s in spanish, since it’s my first language, but I’m thinking of redoing it, follow it and translate it in english. The person in the story is not me, it was a fictional character based on me.*

I’ll translate the introduction tho.

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Like many other love stories, they always tell us that everything ends up in a happy ending.

We all know that in real life, no such thing happens.

I define “love”.

Love is when you like to be with someone, and you don’t want to share that person with no one else. In other words, love = selfishness. 

Even when you try to explain it, “I want to be with you” or “I want you”. When you say stuff like that is when you choose that person. That person and no one else. 

Can we feel selfishness towards other people? Of course. But you will always have someone selfish that only wants you. 

This makes me think, that we live in a world of selfish people, not romantic.

All what men (hetero) do, is to impress women, so they would be interested in them, choose them and turn into a selfish, let’s call it, lover. Men put on millions of expensive creams, go to the gym, shave, put some perfume on, they buy them gifts… All what men do is to impress women. What about women? They use make up, show cleavage, they’re flirty… And for what? To get someones attention.

And what everybody wants is to be with someone. And if it’s someone selfish, better. No one wants to be alone in this life, that’s why we tend to “love” someone. “Loving” is not that bad though, actually is pretty nice. But everything changes when someone stops being selfish, and they start to be for someone else. In that moment that you don’t feel “loved” is when you question yourself if all the things you’ve done, put on million creams, put on make up everyday, make that one person happy, has ever been worth.

They say, never regret something that once made you happy. I hope that the one who said that gets a good slap in the face.

Here’s my story.

Of how I met the woman that I thought I would be happy for the rest of my life.

And how she broke my heart to pieces.

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Como muchas otras historias de amor, siempre nos cuentan que todo acaba con un final feliz.

Todos sabemos que en la vida real, no pasa lo mismo.

Defino “amor”. Amor es cuando te gusta estar con una persona, y no la quieres compartir con nadie más. Dicho en otras palabras, amor = egoísmo.

La misma frase te lo dice bien claro: “Te quiero”. Te quiero a ti. Te quiero a ti y a nadie más.

¿Puedes sentir egoísmo por otras personas? Por supuesto. Pero siempre tendrás a alguien egoísta que sólo te quiera a ti.

Esto me lleva a decir que, vivimos en un mundo de egoístas, no de románticos.

Todo lo que hacen los hombres (heterosexuales) es para que las mujeres se fijen en ellos, elijan a uno y se conviertan en egoístas. Se ponen cremas, van al gimnasio, se afeitan, se ponen perfume, les compran regalos, etc. Todo lo que hacen los hombres, es para gustar a una fémina. ¿Y las mujeres? Se ponen maquillaje, escotes, son coquetas, se arreglan tanto, ¿para qué? Para que alguien se fije en ellas.

Y todo lo que quiere el mundo entero es estar con alguien. Con alguien egoísta si me permiten decir.  Nadie quiere estar solo en esta vida, por eso, intentamos “amar” a alguien. “Amar” no está nada mal, la verdad es que es muy bonito. Pero todo cambia cuando alguien deja de ser egoísta, y es capaz de ser egoísta por alguien más. Ese momento en el que te dejan de “amar” es cuando te cuestionas si todo lo que has hecho, ponerte cremas, maquillarte, hacer feliz a esa persona, de verdad ha valido la pena.

Dicen que nunca te arrepientas de algo que te ha hecho feliz. Ojalá al que dijo eso le caiga una maceta de algún balcón.

He aquí mi historia.

De cómo conocí a la mujer con la que pensaba que sería feliz durante el resto de mi vida.

 Y de como me hizo trizas.

 

EGOAMOR

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

POR

 

RODNEY MONTERO 

 

CAPÍTULO 1

Vivo en Barcelona, en la calle Villarroel. 

Es un 7º piso con terraza y cuando el sol pega por el mediodía, mi piso se llena de luz, y de calor, obviamente.

Mi pequeño y humilde piso, está al principio de esta gran calle, tocando el borde con el barrio del raval, donde me crié. Solía salir con mis amigos a jugar a básquet y a patinar hasta la playa, ya que estaba a unos 30 minutos de mi antigua casa.

Ya no puedo hacer eso, porque estoy ocupadísimo.

Soy arquitecto, me licencié en la politécnica de Barcelona, y a duras penas, pude pagar mi carrera yo solito. Mis padres están en mi tierra natal.

Por cierto, nací en la ciudad condal, pero mis padres provienen originalmente de las Filipinas. Vinieron aquí hace unos 20 años, y se fueron ya que la situación en España no mejoraba.

En fin, en mi piso vivimos: mi gato Flake, mi cactus Smooth y yo. Es un piso pequeño, con una habitación, con un salón conectado a la cocina, un baño con una bañera inmensa y con una terraza enorme. Cuando tengo tiempo libre y me quiero desestresar de la arquitectura, me siento en mi hamaca en la terraza y escucho a Johnny Cash. Oh Johnny, cuanto te echamos de menos.

Me gusta vivir solo. A menudo viene mi mejor amigo, y hablamos sobre su vida llena de sorpresas.

Es diseñador y hace un tiempo creó una marca de ropa que le está yendo bastante bien. Se llama Simon Rouge. Es un buen tipo, le conozco de toda la vida. Si os preguntáis por su nombre, es porque nació en París, viniendo de padre filipino y madre francesa, pero a los 5 años se mudó a Barcelona, y desde entonces, ha sido mi mejor amigo.

Hoy vino a contarme que a lo mejor se va a Nueva York a trabajar para una famosa casa de moda. Genial, la única persona en la que confío en esta ciudad y se va al otro lado del charco.

Me alegro por él, en realidad se lo merece.

Me gusta escucharle mientras me tomo un café caliente, me cuenta sus próximos diseños (ideas geniales por cierto). Él no toma una decisión sobre su marca antes de que yo le dé el visto bueno. Me cuenta que la semana que viene tiene una cita con una chica impresionante que conoció en una fiesta, y que se enamoró de la chica tan sólo verla. Él sabe qué es lo que opino sobre el amor, así que no enfatiza mucho en esa parte.

Seguimos en la terraza, con un ocaso increíble y enciendo las luces exteriores.

Desde mi terraza se ve toda Barcelona, ya que estoy en el piso más alto. Veo los aviones que aterrizarán en el Prat. Veo como el cielo se vuelve anaranjado, y es una vista preciosa.

Y Simon sigue hablando.

Ahora me cuenta sobre su antigua chica, que le sigue llamando. Pero yo sigo mirando el bello paisaje de esta gran ciudad. Incluso puedo ver el horizonte que divide el mar con el cielo.

Pero Simon sigue hablando.

Me está diciendo que sus padres le machacan para que no se haga más tatuajes. Tiene todo el torso lleno. Él sabe que le escucho, pero yo sigo mirando. Si me doy la vuelta puedo ver Montjuic. Y las luces que provienen de los grandes focos del Mnac. Y cada vez la noche va tiñendo más el cielo.

Le hago caso por fin a Simon, y me dice que se tiene que ir porque tiene que preparar un par de diseños para tatuarse.

Le doy un fuerte abrazo y se va. Y entonces vuelvo a estar solo en mitad de la noche. Me pregunto si estaré solo hasta el día en el que sea pasto para los gusanos.

Dicho así, parece que nunca haya tenido relaciones sociales con otros seres humanos. Claro que tengo, pero Simon es la única persona en la que confiaría mis más grandes secretos.

También he tenido un par de novias.

He tenido, creedme.

La primera de todas fue Irene, a los catorce años.

Duramos una semana. Se ve que le gustaba experimentar con chicos. Con todos los de la clase concretamente. Ahora tiene cuatro hijos, de diferentes padres cada uno, y ninguno la ayuda económica ni moralmente. 

Luego, fue Francesca a los diecisiete años, en Roma. Francesca me hizo todo lo que un chaval de 17 años espera experimentar lo antes posible.

Nuestra relación duró 3 noches. Mi profesor y el profesor de Francesca me hicieron entender muy bien que eso de cambiar de habitación en un viaje escolar, para irse a una habitación de otro grupo, está mal. También les dijeron a mis padres que estaba desnudo en la habitación de una chica que no pertenecía al grupo del colegio. Pasé el resto del viaje al lado de mi profesor. Incluso dormí a su lado. 

Cuando volví, mi madre estaba furiosa. Mi padre se reía. Luego me dijo, “enhorabuena, creo que ya no eres tan chaval, hombrecito”.

Sí, dejé de ser virgen a los diecisiete años, en Roma, con una chica que acababa de conocer y en una habitación de hotel de un grupo que ni siquiera era el mío. No lo hagáis, es muy posible que os pillen.

¿Por donde iba? Ah sí, cuando cumplí los dieciocho años, conocí a Carmen, una moderna gafapastas que vivía en el barrio de Gracia. Era el ser más espiritual, friki y rara que conocí en mi vida. Y por eso me gustaba.

Se cortaba ella misma el pelo, y muchas veces, se dejaba un lado corto y el otro largo. O se teñía de turquesa. Vestía muy estrambóticamente.

Y no tenía ni móvil, ni televisión, ni ordenador. Estaba incomunicada totalmente. Así que si un día me apetecía quedar con ella tenía que ir a su casa en Gracia y rezar para que estuviese ahí.

Me gustaba su visión del mundo, y yo que estaba en las pruebas de acceso a la universidad (también conocido como PAU), necesitaba relax y paz. Y con ella alcanzaba ambos.

El sexo era su punto fuerte. Le gustaba ver películas porno conmigo y luego repetir las posturas. Pasamos un tiempo juntos y cuando entré en la universidad, nuestra relación se fue a la nada.

Nos veíamos dos veces al mes, con suerte la podía ver cada fin de semana. Pero notaba que no era lo mismo. Notaba que estaba dejando de ser cariñosa conmigo, que no me abrazaba igual. Ya no me contaba sus sueños fantásticos, ni me explicaba cosas de la ciudad. Cuando caminábamos juntos no me cogía de la mano y muchas veces, no quería dormir conmigo. Así que cuando llegó Diciembre, le pregunté “¿me sigues queriendo?” y ella me respondió “¿Tú crees que la Luna podría enamorarse del Sol?”. Sí, una respuesta un poco rara, pero ella lo era más.

Pasé un par de semanas un poco triste, pero con el estrés del primer año de Arquitectura, el curso se me pasó volando.

Entonces, mis padres decidieron volver a Filipinas, ya que echaban de menos la tierra natal y a la familia. Y me dieron parte de sus ahorros para que pudiese acabar la carrera. Les debo mi profesión.

Yo trabajaba como camarero en un restaurante de la villa olímpica. Tenía un horario nocturno así que podía compaginar la universidad con el trabajo. Pero cuando el curso acabó y el verano llegó, Francesca llegó a la ciudad.

Yo acababa de mudarme al piso en el que vivo ahora y ya lo tenía todo instalado. Francesca me envió un mensaje diciéndome que estaba en Barcelona, que se quedaba un tiempo a pasar el verano. Que estaría en casa de unas amigas.

La llamé y quedamos para tomar un café.

Estaba irradiante. Apenas se maquilló y estaba guapísima. Su pelo largo y negro hacían que sus ojos azules brillaran. En fin, estaba muy guapa. Aquel día pasamos el día juntos. Al final, la acabé invitando a mi nueva casa y no salimos de esa casa en cuatro días. En el último día, tuvimos que salir a comprar algo para comer ya que lo habíamos agotado todo. Y así todos los días. Todos los días del verano. Cuando llegó Septiembre, se volvió a Torino, ya que ella provenía de ahí. Me prometió que el verano próximo regresaría para verme otra vez y con un beso y con un “arrivederci” se fue. Dejándome solo.

Faltaba poco para que el curso empezase otra vez. Simon estaba casi cada día en mi casa, planeando algo sobre una marca de ropa. No parecía muy serio ya que lo que le iba a él eran los tatuajes. 

Y estudiando en la biblioteca, me topé con Anette. Una chica francesa, que estaba de Erasmus. Cuando la vi, me enamoré de ella. Era muy blanca, con el flequillo corto y negro. Con unos ojos verdes. Parecía muy frágil, como de cristal y andaba muy elegantemente.

Mientras ella caminaba, me la quedé mirando durante segundos, cuando me di cuenta de que también me miraba. Cuando estaba a cuatro metros de mí, me sonrió y me dijo “¿te puedo ayudar en algo?” con su acento francés.

No caí en la cuenta de que para ganarse unas pagas extras, trabajaba en la biblioteca como ayudante.

Y yo como un estúpido le respondí “¿Me llamo, hola qué tal? Frunció el entrecejo y me miró raro y me dijo “¿Qué?” a lo que yo me levanté y le pedí disculpas y le expliqué que estaba un poco nervioso. Todo esto delante de todos los mirones que se hacían las risas por la frase que acababa de soltar.

Nos encontramos fuera y mantuvimos una charla que se alargó hasta la cena. Fuimos a comer a un restaurante muy bueno que estaba cerca de mi casa. Me contó que llegó a Barcelona hace unos dos meses y se quedaría todo el año. Pero lo asombroso fue cuando me dijo su edad, “veintisiete”. Había salido con chicas, sí, pero no con chicas más mayores que yo. Además no los aparentaba. A su lado yo era un yogurín. Y ella no lo sabía.

Yo iba camino a cumplir los veinte. Mantuve mi edad escondida durante toda la noche. Al final de la cena, me dijo que se tenía que ir, y claro, como buen caballero que soy, quería acompañarla a su casa, pero me di cuenta de que la cagué.

Vivía en Ocata y no podía dejar que fuera sola tan tarde y tan lejos. Y le ofrecí cobijo en mi casa. Estuvimos hablando bastante rato, bebimos, ella fumó, ya que yo no fumo, y al final, acabamos en mi cama.

Y tuve la gran idea de que justo al acabar, le dije “Tengo diecinueve años”.  Se levantó y me dijo “Es broma ¿no?” y yo con la sonrisa del previo acto le dije que no. Se rió tanto de mi edad que le entró hipo, luego hizo bromas sobre si quería que me contase un cuento antes de ir a dormir. Durante todo el tiempo en el que Anette se quedó en Barcelona, lo pasamos juntos. Francesca no vino como me prometió, pero me daba igual, estaba con Anette. Incluso se mudó a mi casa y todo. Nos compramos un gatito y le pusimos de nombre Flake, porque era como una copo de nieve, Snowflake en inglés.

Fuimos felices, muy felices. Discutíamos y luego volvíamos a estar bien de nuevo.

íbamos al cine casi cada semana, nos gustaba dar paseos por Barcelona debajo de la lluvia sin paraguas, y hacer picnics por los lugares más escondidos de Montjuic, con Barcelona a nuestros pies. Fue a la mujer a la que más amé durante mi juventud. Lo tenía todo, era inteligente, graciosa, era guapísima y además le gustaba Johnny Cash. ¿Qué más podía pedir?

Y entonces, un día, me dijo: “Me tengo que ir. El verano ya acabó y me tengo que ir”.

Y se fue. Se volvió a Lyon. Y fin de la historia con Anette. No volvimos a hablar, a pesar de que yo le enviaba mensajes e intentaba llamar. Pero un día, recibí una carta desde Lyon, era de Anette. Sólo contenía un papel, en él escrito: “Lo siento, el verano ya acabó, no vuelvas a llamarme por favor”. Y entonces me di cuenta de algo. Todo cuanto amaba, tarde o temprano se iba a ir. Se iba a ir sin dejar rastro. Y desde Anette, no volví a tener ninguna relación con nadie más. Ni siquiera con Francesca.

En cierto modo, me sentía demasiado dependiente de Anette, la quería con todas mis fuerzas, le repetía cuanto la amaba todas las noches y ella a mí. Y todo para recibir una carta que me decía que el verano ya había acabado. Pasó el año, y aún me acordaba de Anette. Es increíble como una mujer te puede cambiar la vida. Ojalá Anette sepa algún día, que mi verano con ella, duró un año entero. Y aún deseo tener más veranos con ella.

 

CAPÍTULO 2

Durante el resto de la universidad lo pasé estudiando y cuidando de Flake.

No me gustaba salir de fiesta con los de mi clase, pero aún así, a veces íbamos de discotecas. Yo me sentía muy incómodo, porque no me gustaba el ruido ni la multitud. Además, cada vez que salíamos suponía gastar, y yo, que vivía solo, con una carrera por pagar y el alquiler del piso, no quería hacer gastos innecesarios.

En mi trabajo, mi cargo era el de camarero. Servía para un restaurante marisquero, en el que solo venían japoneses, rusos y algún que otro americano. Llevaba los platos de la cocina hasta sus mesas, les decía qué tal y como estaban por Barcelona, para hacerles sentir cómodos, y claro, por la propina.

Aunque parezca mentira, los camareros viven de las propinas.

Al día me podría hacer unos cincuenta euros solamente de propinas. En un día de verano, normalmente me solían dar billetes de diez cada turista que venía a comer. Así que mi sustento alimenticio podía mantener una dieta completa.

Hasta que un día, conocí al señor Sergei.

Sergei, era un ruso muy rico que vivía en San Petersburgo. Era dueño de una fábrica de vodkas allá en Europa del este. Venía a Barcelona cada mes porque a su mujer le gustaba la paella, y comprar cosas caras. Hablaba bastante bien el castellano, pero su acento ruso le delataba.

Vinieron al restaurante por primera vez y me tocó servir su mesa, pidieron de todo, desde paellas hasta todo tipo de pescados. Bebieron y bebieron y estaban rojos como el tomate.

Y una de mis preguntas más frecuentes era la de “¿os gustaría vivir en Barcelona?” a lo que él me respondió, “niet, me gusta mucho Barcelona, tengo casa para construir in Rusia”.

Así que a raíz de eso, me contó que quería construir una casa enorme en su país, donde vivir él, su mujer y sus futuros hijos, pero la casa tenía que estar hecha a medida de sus gustos. Entonces le comenté de que estaba en fase de obtener mi gran papel que dijera que era Arquitecto y me sonrió.

Me propuso quedar otro día antes de que se marchara de Barcelona y hablaríamos sobre este tema que le desbordaba desde hace meses. Compartimos números de teléfono, pagaron la cuenta, me dejaron veinte euros de propina y se marcharon.

Algo me decía que con este señor, algo interesante podría pasar.

Al cabo de unos días y en plena primavera, Sergei me llamó. Estaba en Marbella en ese momento pero me dijo que alrededor de las nueve de la noche estaría en Barcelona. Quería invitarme a un caro restaurante que había en la playa, literalmente. Era un restaurante entre playa y playa, en un espigón. Servían caras paellas y vinos más antiguos que yo.

Fui a la hora pactada por los dos, y yo me traje mi libreta de diseños un par de lápices y entré en el restaurante. Me acompañaron a la mesa del señor Sergei que ya me esperaba, y los saludé a ambos, a él y a su mujer. Pidieron fideuà, gaseosas y tapas para picar. Charlamos sobre mi carrera un poco y entonces, llegó el momento interesante. Los negocios. Lo primero que sus labios rusos soltaron fue: “te pagaré mucho dinero si me haces una casa bien”.

El señor Sergei me explicó como quería la casa, sus caprichos, y quería que le hiciese ver si tenía potencial, o si no se iría a otro sitio a contratar a otro arquitecto.

Estuvo meses intentando encontrar a algún arquitecto que le hiciese la casa que él quería, pero todos le ofrecían cosas que a Sergei no le interesaban. Además, su humor no ayudaba mucho. Siempre estaba serio, pocas veces decía algo gracioso.

Su mujer, no hablaba nada de español y cuando quería decirme algo para el esbozo que hacía se lo tenía que decir a su marido.

Claramente, no estaba haciendo el trabajo directamente, simplemente hacía un croquis de cómo querían ellos la casa.

Y claro, primero tenía que visitar el terreno por donde iban a levantar los cimientos, contratar un personal, mirar los planos urbanísticos… Después de un par de horas, les enseñé algo sencillo de dibujar, pero como ellos no son arquitectos, creyeron que era una obra de arte. Les expliqué como iba cada cosa, y les gustó.

Sergei, se despidió de mí y me dio la mano. Me dijo que tuviese los planos definitivos para final de mes. Y me di cuenta de que había algo en su mano mientras nos las apretábamos.

En ese apretón de manos, la mano de Sergei llevaba un cheque con cuatrocientos mil euros al portador. Le repliqué y le dije, “Señor Sergei, ni siquiera he hecho aún los planos, ni siquiera hemos entablado una conversación profesional” pero él no me dijo nada. Se fue sin más, y me dijo por lo alto que le llamase si necesitaba más.

Y ahí estaba yo, con una libreta llena de dibujos, con una cara impresionada y con cuatrocientos mil euros en mi mano.

Era como si fuese un sueño, no me creía lo que acababa de pasar. A lo mejor, era una trampa y me estaba timando. Pero el hombre parecía muy seguro de lo que decía.

Al día siguiente, fui al banco a cobrar lo que me dio Sergei, y lo pusieron en mi cuenta corriente. Era perfecto, esto me había solucionado en parte todos mis problemas. El mismo día, pagué mis deudas con el banco, la tarjeta de crédito y como me dieron opción de comprar mi piso, lo compré. Firmé los papeles y la casa era mía. Un piso en el centro de Barcelona, con vistas de toda la ciudad y una terraza enorme. Era mío.

Incluso aún me quedaba dinero suficiente para aguantar un par de años sin trabajar. Así que durante esa semana, fui a mi trabajo, y les dije que quería pedir una excedencia. Por razones personales. No quería decirle a nadie que tenía todo ese dinero. Se despidieron de mí y fui a contárselo todo a Simon.

Simon estaba flipando. Cuando le dije la cifra, sus ojos se abrieron como platos.

Yo ya sabía que Simon era muy ambicioso, y el dinero le podía. Así que lo que primero hice con el dinero que me dieron, fue comprarle una moto.

Simon siempre había querido una moto para ir a todos los lugares. Así que fui a una tienda que había en el eixample y le cogí la más moderna que hubiese.

Fuimos a la calle a enseñarle su regalo, y en cuanto la vio se quedó de piedra.

Casi saltaban lágrimas de sus ojos y me abrazó. Me abrazó como nunca.

Volvimos a mi piso y le conté qué es lo que pasó. Le conté sobre Sergei y su esposa.

A los días, fui terminando los planos de la casa de Sergei, gracias a unos planos urbanísticos de la zona que me había enviado el ruso por email. Yo no era el mejor arquitecto de la zona, pero sí que destacaba en que a veces me saltaba las reglas de la arquitectura, pero los trabajos me salían bien. Cuando acabé los planos, me encontré con Sergei que vino expresamente para ver como iba su casa. Y entonces le di los planos.

Al cabo de mirárselos un rato, sacó algo de su bolsillo. Era otro cheque, pero esta vez de cien mil euros. Y esta vez se los negué. Se lo agradecí de todas las formas, pero parecía que no quería que me fuese de allí sin el cheque en mis manos. Pero insistí.

Ya era demasiado lo que me  había dado.

Pasamos toda la tarde charlando. Me contó que él ganaba mucho dinero, pero no sabía en qué gastar todo lo que ganaba al año. Y decía que se aburría de los lujos y que eso no era la vida que quería. Quería vivir como una persona normal, con preocupaciones, quería sentir el estrés. Y por eso para él, el dinero eran números. Números que al final, cuando murieses no podrías hacer nada.

“¿Crees que cuando tú morir, tú poder llevar dinero a tumba?

Y me dejó sin respuesta.

Cuando formuló esa pregunta, no era el dinero en lo que estaba pensando.

Yo le temo a la muerte.

Es algo que nadie sabe ciertamente qué es. No es solo dejar de existir. ¿Hay algo más después de eso?

Después de hablar durante horas, me confesó que le caía muy bien y que le parecía un chico muy honrado. Lo típico que le dices a alguien que te planifica una casa.

Y me dijo que se iba a marchar, a volver a estar con su amada.

Pero le comenté sobre lo de dirigir la obra y la construcción. Pero me dijo que eso supondría mudarme durante meses a Rusia y que ya se las arreglaría él. Y si tenía problemas me llamaría.

Pero nunca más me llamó. Nunca más supe sobre el señor Sergei y su mujer.

Yo solo tenía su número que utilizaba cuando estaba en España, y su email. Pero no me envió nada a mi correo electrónico.

Muchas gracias Sergei, gracias a él vivo en un piso fenomenal.

Con el dinero que gané diseñando su casa, pude vivir tranquilamente durante bastante tiempo. Pude arrancar un par de proyectos que tenía en mente, y viajé, viajé por todo el mundo. Estuve en China, India, visité a mi familia en Filipinas, pude ver parte de los Estados Unidos y acabé en Argentina, exactamente en Rosario. Y entonces, la conocí a ella.

CAPÍTULO 3

Era verano en Barcelona, y no quería asfixiarme de los turistas que había en la ciudad. Así que decidí salir de ahí durante un tiempo.

Durante semanas, estuve organizando una pequeña vuelta por el mundo, para visitar los lugares que siempre quise ver. Así que un día, le dije a Simon que le tenía que pedir un favor, y era que me cuidase la casa por un par de meses. Le di las llaves de mi casa y le hice prometer que cuando volviese, la casa tendría que estar impecable.

Preparé mis maletas, sin demasiado equipaje ya que si me faltaba algo lo iría a comprar yo mismo en el lugar que estuviese. Me despedí de Flake y Simon y me embarqué en una aventura que me marcaría la vida para siempre.

Un taxi me esperaba abajo y el amable conductor cogió mis maletas y las puso en el maletero.

Durante el trayecto hacia El Prat, Alberto, que así se llamaba el conductor, no paró de hablarme sobre Argentina. Al principio me preguntó hacia donde iba, y le conté mi plan de viaje: Ir desde España a China, de China a la India, luego seguía Filipinas, Los Angeles y acabar en Nueva York.

Me preguntó por qué no iba a Argentina. “Argentina, es uno de los países más bellos que encontrarás jamás”.

Parecía un vendedor de los que si no compras su producto, no para de insistirte hasta que te lo consigue vender.

Me explicó que su mujer era de Buenos Aires, y que la conoció en esa magnífica ciudad. Y que, si no quería arrepentirme, debía pasar en cuanto pudiese.

Como no paró de hablar, el trayecto se me hizo muy corto.

 Egoamor by Rodney Montero, Barcelona 2011-2012

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unavidamoderna:

Detalle de la fachada posterior, Casa en Lomas, Morván 180, Lomas Virreyes, Miguel Hidalgo, México, DF 1966 
Arq. Abraham Zabludovsky
Detail of the rear facade of a house in Lomas, Morvan 180, Lomas Vierreyes, Mexico City 1966 17 hours ago / 26 notes / Source
7while23:

Kasper Sonne, Borderline (New Territory) No 56. 2014. Industrial Paint, fire, water and fixative on canvas, aluminum frame. 200 x 300 x 5 cm.
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ephe:

Cubist Priest, George Condo (2008) 19 hours ago / 1,678 notes / Source
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blackcubs:

Wonderful
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socialistmodernism:

Administrative building,(now American University in Bulgaria), Blagoevgrad, Bulgaria 19 hours ago / 19 notes / Source
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#698d96 19 hours ago / 259 notes / Source
vuls:

ESTELA SOKOL
Estudo para uma manhã de neve 5, 3
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